La enseñanza de materias científicas como la Química continúa presentando importantes desafíos para las personas sordas, especialmente cuando no se contemplan estrategias pedagógicas accesibles ni recursos adecuados en lengua de señas. Frente a esta realidad, un proyecto académico desarrollado en el ámbito universitario propone repensar cómo se enseñan las ciencias para garantizar una educación verdaderamente inclusiva.
La iniciativa parte de una premisa clara: la accesibilidad educativa no se limita a traducir contenidos, sino que requiere revisar metodologías, materiales y enfoques didácticos. En el caso de la Química, la complejidad del vocabulario técnico y la ausencia de terminología estandarizada en lengua de señas suelen convertirse en barreras significativas para el aprendizaje.
Uno de los ejes centrales del proyecto es la formación de futuros docentes, especialmente aquellos que se desempeñarán en educación secundaria. A través de seminarios y espacios de reflexión, se busca sensibilizar sobre las necesidades específicas de los estudiantes sordos y promover prácticas pedagógicas que contemplen la diversidad lingüística y comunicacional dentro del aula.
Entre las dificultades más señaladas se encuentra la falta de glosarios científicos en lengua de señas, lo que muchas veces obliga a recurrir al deletreo manual de términos complejos. Esta estrategia, si bien puede resolver situaciones puntuales, no siempre garantiza una comprensión profunda de los conceptos y puede generar sobrecarga cognitiva en los estudiantes.
Desde el proyecto se destaca que avanzar hacia una educación científica accesible implica desarrollar materiales visuales adecuados, fortalecer el trabajo conjunto con intérpretes especializados y promover la creación de recursos didácticos pensados desde el diseño para incluir a la comunidad sorda. La accesibilidad, en este sentido, debe ser parte estructural del proceso educativo y no una adaptación posterior.
Desde CELSA, consideramos fundamental visibilizar este tipo de experiencias, ya que ponen en evidencia que el acceso al conocimiento científico también es un derecho. Garantizar que las personas sordas puedan formarse en disciplinas como la Química no solo amplía oportunidades académicas y laborales, sino que contribuye a construir sistemas educativos más justos, diversos y comprometidos con la inclusión real.


